Vanda Pinedo: “Enfrentamos una extrema derecha donde los patrones acobardan a los empleados con despidos si no votan como ellos quieren”

Referente del Movimiento Negro Unificado (MNU) en el sur de Brasil y viuda del histórico activista afroargentino Juan Carlos Pinedo, la activista antirracista, feminista y militante del PT analiza el escenario político a 48 horas del balotaje entre Lula y Bolsonaro. En un estado como Santa Catarina —donde el bolsonarismo arrasó con casi el 69% de los votos amparado en el mito de la ‘Europa brasileña’—, Vanda repasa la lucha contra la invisibilización, la urgencia de romper con el clientelismo patronal y la defensa intransigente de una agenda antirracista popular, autónoma y transnacional.

Por Federico Pita

Vanda Gomes Pinedo con el puño en alto en reclamo de libertad y justicia por Sônia Maria de Jesus, víctima de trabajo esclavo en Florianópolis. Redes Sociales

A escasas 48 horas de una definición electoral decisiva para Brasil y la región, la voz de Vanda Gomes Pinedo se erige como una trinchera ineludible de resistencia, memoria y dignidad popular. En Santa Catarina —un territorio atravesado por narrativas de hegemonía eurocéntrica y donde la avanzada del bolsonarismo se consolida tras el abrumador triunfo electoral de Jorginho Mello (Partido Liberal) con casi el 69% de los votos—, disputar la hegemonía no es solo una posición política, sino un ejercicio cotidiano de supervivencia antirracista. Militante histórica del Partido de los Trabajadores (PT), educadora en la formación escolar quilombola, activista de la causa por Sonia Libre y del movimiento de mujeres, Vanda encarna una trayectoria transnacional de lucha arraigada en las bases: cofundadora y viuda de quien fuera su compañero de vida, el activista afroargentino Juan Carlos Pinedo Zelaya, con quien impulsó la creación de la seccional del Movimento Negro Unificado (MNU) en el sur brasileño a comienzos de los noventa. En esta entrevista, su testimonio condensa la urgencia de sostener una autonomía intransigente, interpelar las lógicas de la institucionalidad y organizar la esperanza desde las periferias en medio de una de las coyunturas más complejas de la historia reciente.

¿Cómo se vive la militancia antirracista en un estado con una hegemonía electoral conservadora tan marcada y qué lectura hacés de este escenario local de cara al balotaje presidencial?

Estar en este estado que se presenta como un “estado europeo” es complejo. Vos vas andando por el territorio y ves los carteles: “Valle Europeo”, “Valle de no sé qué”. Te vas encontrando con esas marcas del conservadurismo, de la blanquitud y del eurocentrismo instalado. Este siempre fue un estado de derecha, más que nada porque ahogaron históricamente las luchas de izquierda del pueblo negro e indígena.

Fue un estado al que vino mucha gente porque le liberaron muchísimas tierras a italianos y alemanes que no tenían espacio político ni económico en Europa. Por eso se instaló una economía basada en ese modelo. Santa Catarina es parecida a la Argentina en el exterminio de las poblaciones originarias: allá fueron los españoles y acá los italianos y alemanes. Convivir en esta estructura reafirmando nuestra historia es doloroso, porque la invisibilización nos persigue en la economía, la política y el comercio. En los partidos (de izquierda o derecha) nuestra invisibilidad sigue presente.

Y resistimos. Hoy tenemos un contingente de migrantes haitianos y africanos muy grande, lo que elevó la población negra del 15-16% de cuando llegué, al 21% actual. Pero sigue siendo una población muy tragada por los arreglos de la blanquitud: padrinazgo, acomodos en cargos y empleos. Hasta la Constitución de 1988 la entrada a cargos públicos era por acomodo clientelar. Van comprando a la gente ofreciendo carguitos y dejándola cautiva de favores políticos (“voto a fulano porque le consiguió trabajo a mi hijo”). Romper eso es dificilísimo porque no tenemos la máquina del Estado ni somos una ONG financiada por capitales extranjeros.

En este proceso electoral vimos la presión terrible de la derecha en los lugares de trabajo: los patrones de grandes comercios y cadenas acobardan a los empleados amenazándolos con despidos o aumentos de horas si no votan como ellos quieren. Frente a esto, como docente en la educación escolar quilombola en Florianópolis, dedicamos dos semanas a enseñar la historia del voto y la democracia a pibes del secundario que no tenían la menor noción de esta división política actual dominada por una extrema derecha fascista y racista. Al terminar esas seis clases, una alumna (Raiane) que decía que no iba a votar nos dijo: “Profe, antes decía que era de derecha, ¡pero no soy de derecha nada! Soy de izquierda porque quiero lo mejor para mi familia”, y confirmó que iba a ir a votar en el balotaje. Eso demuestra lo mucho que nos falta informar a la gente.

Candidata Vanda Gomes Pinedo junto a Lula en la campaña de 2022 para diputada estadual por el PT de Santa Catarina. Redes Sociales

A comienzos de los noventa impulsaron la fundación del Movimento Negro Unificado (MNU) en Santa Catarina junto a tu compañero de vida, el activista afroargentino Juan Carlos Pinedo Zelaya. En un territorio históricamente signado por la invisibilización y el conservadurismo, ¿cuáles fueron los mayores desafíos para organizar el movimiento y qué impronta política dejó la figura de Juan Carlos en la identidad del MNU local?

Yo soy gaúcha, pero vivo en Santa Catarina hace 32 años; vine justo después de casarme con Juan Carlos Pinedo Zelaya. Yo ya militaba en Río Grande do Sul y vine a militar acá en el Movimiento Negro Unificado (MNU), que Juan ayudó a construir en el estado.

Esa fue una tarea muy ardua que encaró Juan Carlos cuando vino a Brasil a principios de los ’90 (entre 1991 y 1992). Juan vino a Brasil a sumarse a la lucha negra y quería entender mejor la cuestión racial y cómo era vivir en una comunidad negra. Juan Carlos era salteño, aunque vivió un tiempo en Buenos Aires.

A través de un compañero de movimiento negro de Uruguay, conoce dirigentes en Río Grande do Sul y São Paulo. En São Paulo, la dirigencia del MNU le encomienda ir a Santa Catarina a fundar la seccional, porque no tenían contactos locales dispuestos a hacerlo. El MNU es una organización histórica con posiciones muy firmes e intransigentes y de total autonomía frente a los partidos políticos: una relación de respeto, pero jamás de subyugación. En São Paulo decían que varios habían llevado los estatutos pero no se animaban a armarlo porque lo veían “demasiado radical”.

Juan Carlos vino sin conocer a nadie y empezó a rastrear y convocar gente. Así logró fundar el MNU en Santa Catarina junto a compañeros como Antônio Carlos (trabajador del Ministerio de Agricultura) que sigue activo hoy. Instalar el MNU provocó conflictos con sectores negros y blancos de otras organizaciones y sindicatos, y esas tensiones siguen hoy porque nuestra historia no está en venta: ni para un partido, ni para un político, ni por un cargo. En el partido suelen decir que el MNU de Santa Catarina es uno de los más difíciles de tratar por esa postura de no servilismo.

Cuando vamos a un acto político y en el escenario solo hay blancos hablando, levantamos la mano y exigimos en el momento: “¿Cómo es que en este palco solo hay blancos hablando? Queremos representación negra ahí arriba ya”. No pedimos hablar por ego; exigimos presencia negra arriba del escenario y no abajo escuchando a los blancos hablar de racismo. A ellos les molesta porque tienen el dinero y el sindicato; nosotros tenemos la lucha. Y jamás nos vamos a someter. Todos aprendimos muchísimo de Juan Carlos Pinedo en sus 12 años de militancia en el estado hasta su fallecimiento en 2004. Dejó una huella imborrable, y por eso la seccional de Santa Catarina lleva con orgullo su nombre: Seccional Juan Carlos Pinedo Zelaya.

¿Qué puentes políticos e históricos crees que siguen vigentes entre ambos países y qué pueden aprender las nuevas generaciones de militantes en la Argentina de la experiencia organizativa del MNU?

Siento que tiempo atrás teníamos muchos más espacios de encuentro y eventos donde podíamos ampliar el debate sobre el racismo estructural en América Latina. Eso se fue perdiendo, hace casi 20 años que no hay un gran encuentro afrolatinoamericano. Eso genera distancia y deja el campo libre a las especulaciones eurocéntricas entre Brasil y Argentina, que no aportan nada. Discutir desde el pensamiento eurocéntrico es validar las fronteras que trazaron los colonizadores sobre la destrucción de los pueblos originarios.

Es urgente retomar la reflexión profunda sobre el combate al racismo en América Latina. Además, sufrimos una gran crisis en el movimiento negro a nivel nacional porque muchas organizaciones fueron absorbidas por la esfera partidaria o por las ONGs y el dinero del imperialismo. En el MNU siempre nos opusimos a recibir dinero del imperialismo, porque esa plata proviene de la plusvalía extraída a hermanos y hermanas explotados en otros países. Tiran unas monedas y muchos se olvidan del compromiso con el pueblo.

Hoy en Brasil está clara la división entre el MNU que se sumerge en las bancadas y mandatos y el MNU que se niega a ser engullido. Los mandatos pasan; nuestra lucha queda. Cuando te traga la estructura institucional, abandonás el trabajo de base social en los barrios. Por eso es indispensable retomar una agenda política antirracista radical en toda América Latina.

¿Por qué resulta vital disputar la institucionalidad política sin perder el arraigo en las bases populares?

Fui candidata dos veces a diputada estatal por el PT: en 2002 (con Juan Carlos todavía acá ayudando en la campaña) y en 2022 en una colectiva con otras dos compañeras negras. Además, fui Secretaria Estatal de Combate al Racismo del PT (2022-2025).

La cúpula del partido nos tiene miedo. Se los digo en la cara: “Ustedes nos tienen miedo porque temen que ocupemos los lugares donde se sentaron históricamente y no se quisieron levantar más”. Tienen miedo de que asumamos poder real y espacio institucional. Por eso prefieren no invertir en nosotras e invertir en figuras sumisas que no confronten por los fondos de campaña ni por los cargos.

En esta última elección decidí no ser candidata. Fue difícil ver cómo el partido impulsó candidaturas que van a contramano de nuestros 30 años de lucha territorial en las periferias. Sin embargo, no queremos ser figuritas de adorno para la cúpula. Yo llevo 34 años en el PT y nunca acepté integrar ninguna corriente interna, les decía: “Mi gente luchó para no tener cadenas (‘correntes’ en portugués). Lo único que me faltaría es entrar a un partido y encadenarme a una corriente. Mi única corriente es el Movimiento Negro Unificado”. Las corrientes del partido responden a lineamientos eurocéntricos.

Y lo mismo digo sobre el feminismo eurocéntrico: a mí el feminismo eurocéntrico no me representa, porque surgió muchísimo después de que nuestras ancestras murieran en los barcos negreros, en las plantaciones y en las celdas. Yo no me voy a embanderar con la doctrina de quienes mataron a las mías. Soy una mujer negra en resistencia por las que vinieron antes. Como le digo, soy la loca del grupo (risas).

Pero lo hermoso de esta elección es que irrumpió una juventud negra que rompió la burbuja. Como dice Conceição Evaristo, no tenemos que estar nosotras en todos lados, sino abrir camino para que lleguen otros. Me llenó de alegría ver a jóvenes negros meter la puerta a patadas en el partido y ganar bancadas (como Renato Freitas en Paraná o Ana Elisa en Minas Gerais) obligando a la vieja dirigencia oxidada a actualizarse y transformar la política.

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