Kwame Turé: el padre del Poder Negro

A 85 años del nacimiento de Kwame Turé, un recorrido por la vida del activista que convirtió el Black Power en una propuesta internacionalista contra el racismo, el colonialismo y el imperialismo.

Por Jeremías Perez Rabasa

Kwame Turé pronuncia un discurso en una concentración por los derechos civiles celebrada en Washington en abril de 1970. Redes Sociales

El 29 de junio de 1941 nacía en Trinidad y Tobago el militante que años más tarde iba a proponer una de las herramientas teóricas más filosas para desarmar la matriz colonial. Registrado originalmente bajo el nombre de Stokely Carmichael, a los 11 partió junto con su familia para Estados Unidos. Su trayectoria vital estuvo marcada por la necesidad de cuestionar los límites del integracionismo civil estadounidense, expandiendo la lucha de las comunidades afrodescendientes hacia una dimensión de alcance universal. A ochenta y cinco años de su nacimiento, evocar su itinerario político permite recuperar una memoria de organización comunitaria que conecta el Caribe, las barriadas estadounidenses y los proceso de liberación de los pueblos del Tercer Mundo.

Su temprana experiencia en el Sur profundo de los Estados Unidos organizando los registros de votantes rurales lo enfrentó directamente con la violencia cotidiana de la supremacía blanca. Esa inmersión en los territorios le demostró que la igualdad legal promovida por los liderazgos tradicionales resultaba insuficiente si no se alteraban las condiciones materiales de existencia.

De esa certeza colectiva brotó la formulación de Poder Negro, una categoría conceptual desarrollada junto al politólogo Charles V. Hamilton que operó como un quiebre absoluto en el debate de la época. Para sistematizar esta tesis, ambos autores publicaron en 1967 el libro homónimo, Poder Negro: La política de liberación en Estados Unidos, un texto fundamental donde introdujeron la noción de racismo estructural e institucional. Allí explicaban que la opresión no descansaba únicamente en los prejuicios o la maldad de individuos aislados, sino en el funcionamiento automático y silencioso de las instituciones que garantizaban la exclusión de la población negra incluso en ausencia de leyes de segregación explícitas.

La velocidad con la que estas ideas encendieron alarmas globales fue tal que, apenas un año después de la edición original en inglés, la editorial Siglo Veintiuno publicó su traducción al español en Buenos Aires; un material de formación política tan potente que, una década más tarde, terminó figurando de manera explícita en las listas de publicaciones prohibidas y censuradas por la última dictadura cívico militar en la Argentina.

La emergencia de sus planteos se dio en un diálogo tenso y permanente con las grandes vertientes del movimiento político afroestadounidense. Durante sus primeros años organizativos, compartió marchas, debates y celdas de detención durante la campaña de registro de votantes con Martin Luther King, manteniendo con él una relación de profundo afecto personal y discrepancia estratégica, donde el pacifismo táctico del reverendo chocaba con la urgencia autodefensiva que Turé quería en los territorios. Al mismo tiempo, la maduración de su perspectiva encontró su verdadera brújula en el pensamiento tardío de Malcolm X, de quien tomó la necesidad de internacionalizar la lucha y la lectura del racismo como una vulneración a los derechos humanos que desbordaba el marco constitucional de los Estados Unidos.

Stokely Carmichael y Martin Luther King Jr durante una marcha por Mississippi para fomentar el registro de votantes en 1966. Redes Sociales

Esa radicalización política lo llevó a confluir de manera directa con el Partido de los Panteras Negras en el momento de mayor ebullición de la organización urbana en las costas del país. Nombrado Primer Ministro Honorario de la estructura liderada por Huey P. Newton y Bobby Seale, su incorporación funcionó como un intento de unificar la base rural del sur que él lideraba con las vanguardias armadas de los guetos del norte. Su paso por las Panteras Negras profundizó su análisis sobre el carácter indispensable de la formación ideológica y la resistencia material ante la violencia del programa de contrainsurgencia estatal del FBI, abriendo discusiones fundamentales sobre las alianzas tácticas con sectores de la izquierda blanca que terminaron acelerando su posterior transición estratégica.

El mismo año de la publicación de su obra fundamental, Poder Negro, la proyección internacional de sus planteos teóricos alcanzó una escala continental. En agosto de 1967, viajó a La Habana para participar en la primera conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, transformándose en una de las figuras centrales del encuentro y tejiendo una alianza política profunda con Fidel Castro, quien llegó a conducirlo personalmente en jeep por el territorio cubano en un intercambio constante de lecturas revolucionarias.

Aquella experiencia compartida bajo la óptica del tricontinentalismo consolidó en el pensamiento de Carmichael la concepción de las comunidades negras estadounidenses como colonias internas, uniendo formalmente el destino de la insurgencia urbana estadounidense con los movimientos de liberación que desafiaban el orden imperialista desde los sures geográficos.

La maduración de ese pensamiento exigió también una transformación en los modos de nombrarse. Desprenderse del apellido de los antiguos esclavistas fue un proceso que decantó en su exilio definitivo en Guinea, donde decidió fundirse con la historia de la Revolución Africana, tras escapar de las garras del FBI. Al rebautizarse como Kwame Turé, entrelazó en su propia identidad los legados políticos de Kwame Nkrumah y Ahmed Sékou Touré, convirtiendo su nombre en un manifiesto viviente de la descolonización de la subjetividad y en un puente indestructible entre la diáspora y el continente de origen.

Esa etapa final en suelo africano estuvo lejos de ser un retiro contemplativo. Desde allí Turé desplegó una intensa actividad internacionalista como principal impulsor del All-African People’s Revolutionary Party (AAPRP), recorriendo universidades, sindicatos y comunidades de diversos países para sembrar las bases de una resistencia unificada contra el imperialismo. Su militancia en África consolidó la idea de que la liberación de los pueblos oprimidos requería una articulación global basada en la solidaridad Sur-Sur y en la organización económica independiente.

La conmemoración de su natalicio prescinde de la comodidad de las efemérides biográficas para interpelar directamente las discusiones del presente. Frente a las trampas de la diversidad corporativa que intenta reducir las demandas de justicia a un maquillaje superficial, la herencia teórica de Turé aporta la urgencia de la claridad ideológica. Su tránsito vital deja la certeza de que las estructuras coloniales no se desmontan desde la asimilación cultural, sino mediante el arraigo territorial, la organización de base y la edificación colectiva de un poder propio.

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